21 de octubre de 2011

«Muchas mujeres ni siquiera se dan cuenta de que están siendo víctimas de abusos»

Las mujeres con discapacidad intelectual conforman la «cara B» de la violencia de género. En muchos casos no son capaces de reconocerse como víctimas y, cuando lo hacen, encuentran multitud de trabas para ser creídas.


La sociedad ha tomado conciencia en los últimos años de la lacra que la violencia de género supone y que recuerdan cada una de las muertes que a menudo golpean las estadísticas. Es cierto que las políticas y acciones encaminadas a favorecer la protección de la mujer frente a posibles casos de violencia machista han tomado un gran impulso promoviendo medidas que, aunque efectivas en muchos casos, no han sido capaces de poner freno a algo que en España todavía justifican casi 600.000 hombres.


No es lo único alarmante en lo que a violencia de género se refiere. En nuestro país, un elevado número de mujeres conforman la denominada «cara B» de la violencia de género y que en raras ocasiones sale a la esfera pública. Se trata de mujeres con discapacidad intelectual cuyos casos se desconocen debido a que la mayoría de las veces ni siquiera se dan cuenta de que están siendo agredidas.


«Muchas mujeres ni siquiera se dan cuenta de que están siendo víctimas de abusos»


Muchas personas conforman la parte humana y también numérica que no se ve en las estadísticas. Para ayudar a que sean visibles, Mª Ángeles, también con discapacidad intelectual, dedica su vida a enseñar a otras mujeres cómo identificar que están siendo física o psicológicamente agredidas. Conocemos lo tremendo de estos casos gracias al documental «También somos mujeres», dirigido por Diana Nava y producido por la Federación de Organizaciones en favor de personas con Discapacidad Intelectual de Madrid (FEAPS). El vídeo recoge los testimonios de cuatro jóvenes con discapacidad intelectual que, pese a sus dificultades para llevar a cabo una vida normal, han conseguido logros que hace poco cualquiera hubiera considerado impensables.
Mª Ángeles forma parte de uno de los grupos de mujer del colectivo AMÁS y de la Unidad de Desarrollo sectorial de mujer de FEAPS Madrid. Historias de las mujeres como las que ahora enseñan plasman una de las realidades más duras de la violencia de género: mujeres que, debido a su discapacidad intelectual, no son ni siquiera capaces de reconocerse como víctimas de una agresión y que, en el caso de serlo, encuentran multitud de barreras para ser creídas.
Gisela Villaró es responsable de calidad de FEAPS Madrid y explica a ABC la desesperación de las mujeres ante un problema que ni siquiera es reconocido a nivel social: «La discapacidad lo eclipsa todo. Anula totalmente la perspectiva de género y hace que no se aborden ciertos problemas tales como la violencia machista. Cuando miramos a una persona con esta característica lo primero que vemos es su problema y dejamos de pensar en todo lo demás». Gisela conoce de primera mano la situación de estas mujeres y afirma que la discapacidad hace que los casos de violencia de género sean raramente identificables en este colectivo. No es el único problema. «Ni siquiera ellas mismas saben que son víctimas de abusos. Se les ha recalcado tanto su condición de discapacitadas que no se ven en otros espacios».
Sin denuncias y estadísticas 

Ambos problemas de identificación explican la falta de denuncias en este tipo de situaciones. «Al no ser conscientes de lo que ocurre no denuncian y por ello no reciben tampoco un tratamiento específico, ni orientación...y claro está, tampoco aparecen en las estadísticas».
Pero existir, existen, y para muestra un botón: las sesiones explicativas que FEAPS organiza y en las que Mª Ángeles enseña qué es la violencia de género y cómo reaccionar ante ella han hecho, en palabras de la propia organización, que hayan salido a la luz multitud de casos que ni siquiera las propias víctimas habían sido capaces identificar.
No en vano, hay ocasiones en las que la víctima sí denuncia a su agresor. En estos casos «la mayoría, lamentablemente» para Gisela, las mujeres no son creídas. «El testimonio del agresor tiene mucho más peso fruto de la discapacidad de la mujer. Ellas no saben explicarse, se confunden, se ponen nerviosas...». Al agresor, por ello, no le resulta complicado «aprovechar este desconcierto».
Lola Treviño preside el Observatorio de la Mujer en FEAPS, cuyo objetivo es conseguir la mayor visibilidad posible para las mujeres con discapacidad intelectual. Para ello, la institución lleva a cabo distintas acciones, como el documental «También somos mujeres», así como la elaboración de estudios e investigaciones que dan a conocer la situación real de las mujeres con discapacidad. «A día de hoy todos los estudios son necesarios. Las cifras son nuestro gran handicap, ya que no podemos elaborar análisis debido a la falta de datos». Al igual que Gisela, Treviño señala como principal barrera el desconocimiento de la situación por parte de la víctima: «no saben muchas veces que están siendo maltratadas y, cuando lo saben, su discapacidad no les permite diferenciar lo que es normal de lo que no lo es. No saben si lo que les está ocurriendo es malo».


¿Cómo actuar?


Cuando una mujer es agredida física o psicológicamente el primer paso es la denuncia. También en los casos de mujeres con discapacidad intelectual, aunque es necesario seguir otros cauces. Lo recomendable, según el Observatorio para la Mujer de FEAPS, es acudir al entorno más directo para recibir ayuda a la hora de explicar los hechos y denunciarlos, así como para contar con un apoyo durante todo el proceso de la denuncia. «Ha de ser alguien que sepa cómo reaccionar en este tipo de situaciones, que tenga paciencia y dé todo su apoyo a la víctima», señala Gisela.
Si una de las marcas en la mayoría de mujeres que han sido o son víctimas de la violencia machista es la falta de autoestima, la cualidad se intensifica sin duda cuando la agredida sufre algún tipo de discapacidad. «No son escuchadas por su entorno y su credibilidad es prácticamente nula, eso daña tremendamente su autoestima y sienten que no son nada», señala Lola Treviño.

La presidenta del Observatorio de la Mujer en FEAPS señala, no en vano, que poco a poco «se están dando pequeños pasos» en la lucha contra el reconocmiento de estos casos». «Creemos que poco a poco nuestro mensaje está calando en la sociedad, en las insituciones. Este ha sido un tema completamente obviado durante mucho tiempo, pero parece que empiezan a escucharnos». Gisela Villaró también señala que «empieza a haber avances», aunque es realista y sabe que los progresos serán lentos «debido a la escasa demanda».
Pese a todo, Mª Ángeles se siente tremendamente realizada gracias a la posibilidad de explicar mediante sesiones de formación cómo reaccionar ante el maltrato: «Creo que debería haber más personas que hiciesen lo mismo que nosotros, además de más recursos para mujeres», relata a ABC, al tiempo que asegura: «Lo peor que puede hacer una mujer agredida es retirar la denuncia, no deben hacerlo nunca porque ese es el único camino a seguir».


Fuente: abc.es

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